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viernes, 23 de enero de 2009
domingo, 18 de enero de 2009
Veni Creátor Spíritus - Ven, Espíritu creador
Veni Creátor Spíritus Ven, Espíritu creador
Veni, Creátor Spíritus,
mentes tuórum vísita,
imple supérna grátia,
quae tu creásti péctora.
Ven, Espíritu creador,
visita las almas de tus fieles
y llena de la divina gracia
los corazones que Tú mismo creaste.
Qui díceris Paráclitus,
donum Dei, altíssimi,
fons vivus, ignis, cáritas
et spiritális únctio.
Tú eres nuestro Consolador,
Don de Dios Altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.
Tu septifórmis múnere, dextrae Dei tu
dígitus, tu rite promíssum Patris sermóne ditans gúttura.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú, el dedo de la mano de Dios;
Tú, el prometido del Padre;
Tú, que pones en nuestros labios los tesoros
de tu palabra.
Accénde lumen sénsibus,
infúnde amórem córdibus,
infírma nostri córporis,
virtúte firmans pérpeti.
Enciende con tu luz nuestros sentidos;
infunde tu amor en nuestros corazones; y, con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra débil carne.
Hostem repéllas lóngius
pacémque dones prótinus;
ductóre sic te praévio
vitémus omne nóxium.
Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto la paz,
sé Tú mismo nuestro guía y,
puestos bajo tu dirección,
evitaremos todo lo nocivo.
Per te sciámus da Patrem
noscámus atque Fílium,
te utriúsque Spíritum
credámus omni témpore.
Por Ti conozcamos al Padre,
y también al Hijo;
y que en Ti, espíritu de entrambos,
creamos en todo tiempo.
V/ Emitte Síiritum tuum, et creabúntur.
R/ et renovábis fáciem terrae..
V/ Envía tu Espíritu Creador.
R/ y renueva la faz de la tierra.
V/ Orémus:
Deus, qui corda fidélium Sancti Spíritus illustratióne docuísti: da nobis in eódem Spíritu recta sápere, et de eius semper consolatióne gaudére. Per Christum Dóminum nostrum.
Amen
Desconocido
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Despertar al Elefante
Despertar al Elefante
En la India existe aun la muy antigua tradición del uso del elefante. Era y sigue siendo utilizado para muy diversas ocupaciones: desde sobrellevar en su lomo al rey, hasta ser transporte de madera y de múltiples cargas.
Podríamos preguntarnos como es que este animal tan colosal llega a ser domesticado. Con gran tristeza se ha podido constatar una de las prácticas más crueles para este propósito. Consiste en cavar un gran hoyo, donde el elefante después de ser perseguido y cercado se le hace caer allí mismo, en seguida, sin posibilidad alguna de salir, es lazado y amarrado desde su extremidades, jalándolas con tal fuerza hacia postes previamente apuntalados, para finalmente inmovilizarlo. En este estado sigue manteniendo prácticamente su vigor, pero aun falta lo más terrible: el lograr que pierda su dignidad de animal fuerte y libre. Esto se logra a través de una tortura paradójicamente inhumana. Se le comienza a golpear incesantemente tanto en la cabeza como en el cuerpo, el animal poco a poco va perdiendo fuerza, y lo peor, va perdiendo su propia conciencia -si así podemos llamarle- de su dignidad. Es totalmente humillado. Así, a fuerza de golpes y del condicionamiento del dolor sin poder defenderse, el objetivo es logrado. Se le ha despojado de su grandeza para convertirlo en un ser pasivo, ausente de su antigua magnánima identidad.
Perdón por la comparación, con todo el respeto del que como católico soy capaz, esta figura me recuerda a mi Iglesia,
La veo recibir de manera incesante golpe tras golpe de quienes quieren doblegarla, por detractores quienes apenas tienen oportunidad lanzan sórdidos ataques, con intento de descrédito, de vilipendio, de burla, de humillación. Todo dirigido a mermar su moral, sus valores más sagrados, su investidura, lo peor, la misma palabra de Dios. Lo constato por la radio, por la televisión, por revistas y periódicos, incluso y lo más triste, también por parte de quienes se dicen ser parte de ella misma y utilizan tribunas para el descrédito y la confusión..
Ante todo ello debemos preguntar: ¿Dónde están nuestros sacerdotes, donde están nuestros pastores para defenderla, donde el ánimo y el ardor y las nuevas formas a las que invita nuestro Santo Padre pare renovarla?.
¿Cuándo despertará este gigante? ¿Cuándo nuestra Iglesia recuperará su memoria de ser sagrada y divina, de saberse acompañada y protegida por el verdadero Dios, quien siempre está con ella?
Quiero precisar esta vez al elefante como figura de nuestros pastores, quiero asentar este hecho: ¿Por qué no han logrado redescubrir toda la potencia de la que son capaces? ¿De reconocerse en el alcance que tiene su voz, su ejemplo, su ministerio, su liderazgo como pastores del rebaño de Cristo?. No logro entender la parsimonia, mucho menos la monotonía, cuando no observo ni siquiera en la homilía la relación de la Palabra con lo concreto de la vida cotidiana.
Ahora, cerca de Pentecostés, habrá que recordar que El Espíritu de Dios, el Espíritu Santo ya está con nosotros, somos ya hijos de Dios -por su gracia- y como tales debemos actuar, rompiendo yugos y ataduras mundanas, sobrenaturalizando nuevamente nuestra persona. Cristo ya vino, ¡y desde hace dos mil años!. ¡Recordémoslo! No somos ya esclavos, somos libres tanto como hijos de Dios. “Todos aquellos a los que guía el Espíritu de Dios son hijos e hijas de Dios. Entonces no vuelvan al miedo; ustedes no recibieron un espíritu de esclavos, sino el espíritu propio de los hijos de Dios, que nos permite gritar ¡Abba!, o sea: ¡Papa!. El Espíritu asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Siendo hijos, son también herederos; la herencia de Dios será nuestra y la compartiremos con Cristo. Y si hemos sufrido con Él, estaremos también con Él en la Gloria”. Rom 8, 4-17.
Ojalá que descubramos a nuestra Iglesia radiante, con la fuerza propia que le es natural, tan natural como que surge de la herencia divina de su identidad, de su propio linaje, linaje que proviene de Rey de Reyes, de ser la Iglesia de Cristo.
Salgamos ya de agujeros y caminemos como Iglesia y que solo sea Cristo quien pueda
conducirnos de nuevo a la libertad y pisar fuerte allí donde a nuestro paso retiemble el camino y sus alrededores, para llegar de nuevo a la casa del Padre.
Con todo el amor y súplica para nuestros Pastores.
Antonio Maza Pereda
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Una ayuda imprescindible
El Espíritu Santo actúa en nuestra vida
1) Para saber
Si hemos observado o viajado en un barco de vela, seguramente sabremos la conveniencia de que el viento sople a nuestro favor, es decir, en dirección hacia adonde nos dirigimos. Y por el contrario, sabemos que si no hay viento, es necesario ponerse a remar si queremos avanzar. Con viento, el esfuerzo es mínimo y avanzamos con rapidez. Sin viento, se nos dificulta y nos lleva poner más esfuerzo para llegar a nuestro destino.
Pues bien, esa comparación nos puede ayudar para comprender la acción del Espíritu Santo con sus Dones en nuestro camino de la vida hacia nuestra meta final. Nuestro Señor Jesucristo nos ha dejado marcada la meta para alcanzarla: “Sean, pues perfectos, como su Padre celestial es perfecto”.
Para alcanzar esa meta contamos con las virtudes que conseguimos a través de nuestro esfuerzo: la prudencia, la fortaleza, la templanza, etc., son esas virtudes que nos ayudan a avanzar en nuestro camino. Pero esas virtudes no bastan. Se asemejan a los remos con los que tenemos que impulsar nuestra barca para avanzar. Contamos además, y sobre todo, con los Dones del Espíritu Santo, que representan el viento que favorece grandemente nuestro avance hacia nuestro destino, y con esta ayuda imprescindible sí que se puede alcanzar esa meta tan alta.
2) Para pensar
Suele suceder que estando una madre mostrando a su hijo pequeño a sus amigas, el niño de repente comienza a llorar o a gritar. Las amigas dan sus opiniones sobre lo que le pasa al niño, pero la madre es la que con certeza dice que le sucede al niño: ya sea que tenga hambre o alguna otra molestia. Las madres captan perfectamente las necesidades de sus hijos pequeños.
Sucede que una persona es capaz de intuir fácilmente lo que necesita o quiere la persona a quien ama. A veces no se necesitan palabras, basta una mirada para intuir lo que quiere decirnos. En nuestra relación con Dios sucede algo similar: si lo amamos, podemos escuchar fácilmente las divinas inspiraciones del Espíritu Santo.
Los Dones del Espíritu Santo nos llegan de Dios, pero podemos facilitar su desarrollo si acrecentamos en nuestros corazones la caridad. Pongamos un mayor esfuerzo en amar a Dios y a los demás, y entonces nos será más fácil captar lo que el Espíritu Santo quiera decirnos.
3) Para vivir
A continuación transcribo una oración que compuso San Josemaría Escrivá y que solía rezarla con frecuencia:
“¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo; inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.
¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.”
Padre José Martínez Colín
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El Papa se despide en Australia. Con la fuerza del Espíritu Santo.
El Papa se despide en Australia
Con la fuerza del Espíritu Santo
a) Para saber
Al finalizar la XXIII Jornada Mundial de la Juventud 2008, en la Santa Misa que celebró el Papa Benedicto XVI en Australia pronunció una enriquecedora homilía. Glosó el lema escogido: “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos” (Hechos 1, 8).
Decía el Papa que “por la fuerza de este Espíritu, Pedro y los Apóstoles fueron a predicar el Evangelio hasta los confines de la tierra. En cada época y en cada lengua, la Iglesia continúa proclamando en todo el mundo las maravillas de Dios e invita a todas las naciones y pueblos a la fe, a la esperanza y a la vida nueva en Cristo”.
El Papa, como sucesor de San Pedro, nos invita a abrir el corazón al poder del Espíritu de Cristo y a la riqueza de sus dones: “En efecto, el Espíritu Santo desciende nuevamente en cada Misa, invocado en la plegaria solemne de la Iglesia, no sólo para transformar nuestros dones del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor, sino también para transformar nuestras vidas, para hacer de nosotros, con su fuerza, «un solo cuerpo y un solo espíritu en Cristo»”.
b) Para pensar
Podríamos comparar la acción del Espíritu Santo como sucede con el niño que está aprendiendo a escribir. Su mamá, para enseñarle, toma su mano, y la guía para que escriba sus primeros trazos. En nuestra vida espiritual el Espíritu Santo guía nuestro andar para alcanzar la meta espiritual que Jesucristo nos señala: la santidad. Una meta alta, pero con una ayuda mayor.
Por eso al Espíritu Santo se le suele denominar como el Maestro, pues Él nos enseña y dirige hacia Dios. Además de impulsarnos e iluminarnos, Él mismo nos conduce “de la mano”.
Sin embargo, dice el Papa, esta fuerza del Espíritu Santo, no es algo que podamos merecer o conquistar; podemos sólo recibirla como puro don: “El amor de Dios puede derramar su fuerza sólo cuando le permitimos cambiarnos por dentro. Debemos permitirle penetrar en la dura costra de nuestra indiferencia, de nuestro cansancio espiritual, de nuestro ciego conformismo con el espíritu de nuestro tiempo… Por esto es tan importante la oración: la plegaria cotidiana, la privada en la quietud de nuestros corazones y ante el Santísimo Sacramento, y la oración litúrgica en el corazón de la Iglesia”.
Jesús está siempre presente en nuestros corazones, esperando serenamente que nos dispongamos en el silencio junto a Él para sentir su voz, permanecer en su amor y recibir «la fuerza que proviene de lo alto», una fuerza que nos permite ser sal y luz para nuestro mundo.
c) Para vivir
Así como mediante Internet o teléfono nos alegramos al saber los mensajes que nos envían de lejos nuestros seres queridos, de modo semejante, en el ámbito espiritual, los Dones del Espíritu Santo nos ayudan a saber las inspiraciones del Espíritu Divino. Pero además nos dan la fuerza para hacer nuestras obras. Los Dones nos “mueven” para hacer obras dignas de un hijo de Dios.
Siguiendo con el ejemplo del niño, podemos concluir que el aprendizaje será más fácil y rápido si ese niño está atento a las indicaciones y no opone resistencia. Nosotros, de igual manera, hemos de saber escuchar sus inspiraciones, dispongámonos mejor para escucharlo durante nuestra oración.
Padre José Martínez Colín
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Ser artistas de nuestra vida. Para ser buenos alumnos de Dios
Ser artistas de nuestra vida
Para ser buenos alumnos de Dios
1) Para saber
Acaba de pasar la fiesta del Espíritu Santo, y el Papa Benedicto XVI nos ha recordado que el “Espíritu Creador viene en nuestra ayuda. Ha entrado en la historia y así nos habla de un modo nuevo”.
Es frecuente observar que cuando un niño está aprendiendo a escribir, el profesor o sus padres, además de mostrarle la forma en que son las letras y las palabras, no se conforman con ello, sino que ellos mismos suelen tomarle la mano al pequeño, y la van guiando a fin de que logre escribir sus primeros trazos.
Algo semejante sucede en nuestra vida espiritual. No estamos solos para alcanzar la santidad, que es la meta espiritual que Jesucristo nos ha señalado.
Ciertamente es una meta alta, pero Él mismo nos ha enviado una ayuda extraordinaria: al Espíritu Santo. En efecto, al Espíritu Santo se le suele denominar Maestro, pues Él nos enseña y dirige hacia nuestra santificación, hacia Dios.
Además de impulsarnos e iluminarnos, Él mismo nos conduce “de la mano” para llegar a formar, en nosotros, la imagen de Jesucristo. Y ello lo hace de tal forma que, sin quitarnos nada de nuestra libertad, nuestras obras llevan un toque “divino”, llevan la perfección que Dios nos pide.
2) Para pensar
Los grandes artistas suelen tener muchos discípulos que los imitan, de tal manera que forman una “escuela” que sigue las características del maestro. Tal fue el caso del genial pintor del siglo XVI Rafael Sanzio. Este pintor enseñaba cómo debían de preparar los colores, cómo preparar la tela y bosquejaba los dibujos que debían completar sus discípulos. Éstos comenzaban a pintar, pero cuando llegaba el momento de hacer el trabajo más fino de la pintura, en donde debía haber el toque maestro para hacer de la pintura una obra maestra, entonces Rafael mismo tomaba los pinceles apropiados y trazaba los rasgos más finos de su obra maravillosa.
Así es el Espíritu Santo que quiere realizar en nosotros su obra maestra que es la imagen de Jesucristo. Los “pinceles” o instrumentos que utiliza para llevar a cabo su obra son precisamente los Dones del Espíritu Santo. Nosotros, como sus discípulos, tenemos nuestros instrumentos que son las virtudes con los que vamos trazando en nuestros corazones la imagen de Jesucristo, pero llega un momento en que no son suficientes para realizar una obra tan grande y entra en acción el Espíritu Santo.
El Papa nos señala que el Espíritu Santo es el Amor de Dios y viene para que tengamos vida. Pero una vida que se encuentra en el donarse, como el mismo Espíritu que don. “Esto es lo que debemos aprender de Cristo; y esto es lo que nos enseña el Espíritu Santo, que es puro don”: darnos por los demás.
3) Para vivir
Siguiendo con el ejemplo del maestro que trata de enseñarle a escribir al niño, podemos concluir que el aprendizaje será más fácil y rápido si el niño está atento a las indicaciones del maestro y no opone resistencia. Nosotros, de igual manera, hemos de saber escuchar sus inspiraciones.
Aunque el Espíritu Santo puede hablarnos en cualquier momento, podemos disponernos mejor para escucharlo si dedicamos al día unos momentos exclusivamente para hablar con Él. Eso es hacer oración.
Sin hacer cosas raras, consiste en hablar de modo sencillo con Dios. ¿De qué? Sobre aquello que nos acontece, lo que nos preocupa, nos entristece o nos alegra.
Podemos invitar al Espíritu Santo para que sea nuestro Maestro; fijar una cita para su “clase” a determinada hora todos los días, y nos sorprenderemos de las enseñanzas que gustoso nos mostrará.
Padre José Martínez Colín
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¿Sabemos ver las cosas como son? Ver las cosas desde Dios
¿Sabemos ver las cosas como son?
Ver las cosas desde Dios
1) Para saber
Se suele decir con frecuencia que las cosas son según el color del cristal con que se miran. No es del todo acertada esta afirmación. Pues si bien es cierto que cada uno tiene sus puntos de vista, también es cierto que las cosas son de una manera, no importa si las miro o no. Si tuviéramos lentes de colores, cada uno vería las cosas del color del cristal por el que las ve. Pero qué cierto sería que quien no tuviera esos lentes o fuera transparente su cristal, vería las cosas como son. Es posible tener esa visión verdadera con la ayuda del Espíritu Santo.
Cuando Juan Pablo II era un niño de nueve años, perdió a su madre. Años después, cuando estaba a punto de terminar el bachillerato, de nuevo la desgracia se abatió sobre la familia: Eduardo, su hermano, que acababa de finalizar la carrera de medicina, murió en plena juventud.
Cuenta Helena Szcepanska, una de las profesoras en donde estudiaba Karol, así se llamaba el Papa, que el día en que se enteró de la muerte de Eduardo fue a visitarlo a su casa. Al llegar y saludarlo exclamó conmovida: “¡Pobre Karol! ¡Has perdido a tu único hermano!”, pero Karol le respondió con plena sencillez y serenidad: “Sí, pero acepto la voluntad de Dios”. Comentaba sorprendida aquella mujer: “Quedé confusa, porque comprendí que su fe era mucho más profunda que la mía”.
En efecto, mostraba tener una gran fe y confianza en Dios en esa gran pena. Ello se debe a que sabía ver las cosas y acontecimientos desde una perspectiva muy alta, bajo la luz de la fe y con la sabiduría que le otorga el Espíritu Santo. Es decir, no tenía su propio “color” de cristal para ver las cosas, sino que veía las cosas como son en realidad.
2) Para pensar
Las decisiones de los hombres, aunque buscan la propia felicidad, muchas veces no la consiguen. La razón está en que el hombre suele querer la felicidad sólo con sus propios planes, y si acude a Dios es sólo para pedirle que se lleven a cabo sus planes personales. Pero muchas veces la situación verdadera es completamente distinta. Dios ya tiene unos planes estupendos para cada uno, y sólo desea que cooperemos a ponerlos en práctica. Nuestros planes nunca podrán superar a los de Dios.
La cuestión está, entonces, en descubrir cuál es ese plan que tiene Dios para cada uno de nosotros, y seguirlo a toda costa, pues ahí se encuentra la máxima felicidad que es posible conseguir aquí en la tierra, y luego la máxima en la otra vida. Es preciso estar convencidos de que el plan divino es el mejor para nosotros.
El Don de Sabiduría nos permite descubrirlo, compartir con Dios “algo” de su Sabiduría, ver las cosas desde su perspectiva.
Pensemos cómo estamos colaborando para que se cumpla en nosotros ese plan divino.
3) Para vivir
Y ¿cómo conocer ese plan divino? Importa estar cerca de Dios para “escuchar” su voz. No se trata de cosas extraordinarias, sino de intuir su Voluntad. Llevando una vida en gracia, con la frecuencia de la confesión y comunión, así como procurando tener unos momentos al día para orar, ayudarán a escucharlo.
En momentos difíciles, podemos acudir al Espíritu Santo quien, con su Don de Sabiduría, nos ayudará a juzgar rectamente acerca de todos los acontecimientos y darles su verdadero sentido.
Padre José Martínez Colín
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